La dermatoscopia: el tercer ojo del dermatólogo

¿Qué es?

Se trata de una técnica diagnóstica no invasiva que utilizamos frecuentemente en la consulta dermatológica diaria. Nos permite observar estructuras no visibles a simple vista, que se correlacionan con hallazgos histopatológicos, y así llegar a un diagnóstico más certero.

¿Cómo se realiza?

Esta práctica se lleva a cabo con un dermatoscopio, el cual es un dispositivo similar a una “lupa” con lentes que amplifican hasta 10 veces el tamaño de la imagen observada y que, asociado a la transiluminación mediante fuentes de luz LED, mejora significativamente la visibilidad.

Es un procedimiento indoloro que consiste en colocar suavemente el dispositivo sobre la piel, en contacto directo o utilizando un líquido de inmersión (por ejemplo, una capa de gel). El dermatoscopio elimina el reflejo de la luz en la superficie cutánea y permite su refracción, lo que posibilita observar con mayor claridad las estructuras superficiales y profundas de la piel.

¿Para qué se utiliza?

La dermatoscopia permite evaluar de forma más detallada el pelo, las uñas y la piel. Inicialmente se utilizaba de manera exclusiva para el análisis de lesiones melanocíticas (nevus y melanoma); sin embargo, posteriormente se demostró su gran utilidad en el reconocimiento de otros tipos de cáncer de piel, tumores cutáneos benignos, enfermedades inflamatorias, infecciones frecuentes (hongos, escabiosis, demodicidosis), trastornos pigmentarios (manchas claras y oscuras), alopecias y patologías ungulares.

¿Por qué es importante?

Mediante la dermatoscopia logramos identificar diversas estructuras dermatoscópicas y vasculares, colores y patrones específicos. Estos hallazgos se correlacionan con las manifestaciones clínicas de cada paciente, y permiten mejorar la precisión diagnóstica, favorecer la detección temprana o recidiva del cáncer de piel, guiar el sitio más adecuado para la toma de una biopsia de piel o evitar tomarla si es innecesaria, realizar el seguimiento de nevus múltiples o atípicos, permiten evaluar la respuesta a los tratamientos, e incluso estimar el pronóstico de ciertas enfermedades.

La dermatoscopia se ha convertido en una herramienta clínica insustituible, ya que brinda información adicional y valiosa sobre las condiciones de nuestros pacientes. Sin embargo, para alcanzar su máximo rendimiento diagnóstico, es fundamental que sea realizada por un dermatólogo con entrenamiento en dermatoscopia, capaz de interpretar adecuadamente lo que ese “tercer ojo” está observando.

Daniela Valencia Brito

Dermatología y Cirugía Dermatológica

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